AQUELLOS FESTIVALES DE MÚSICA AL PARQUE

A propósito de la polémica que se levanta para estas fechas, donde Bogotá se viste de rock y desprende nuevamente ese amor y al mismo tiempo, ese odio por lo que fue y ahora es, el tan nombrado Rock al parque, es pertinente ahondar mucho más en ese tema y preguntarse acerca de la realidad que ronda a esta clase de festivales, donde me gustaría incluir también a Rap al parque, pues es cierto que son de los más grandes festivales de Latinoamérica, es cierto que llenan aforo e inundan la ciudad con un aroma a juventud, rebeldía y cultura, pero también es cierto que estos festivales solo se están quedando en festivales y no en plataformas verdaderamente culturales donde incentiven a los artistas y los motiven a vivir de lo que les gusta: la música…
Los procesos para poder estar en las tarimas de estos festivales contempla tiempo, más o menos, de tres a cuatro meses, en procesos de preselección y selección( cuando no hay rosca), es decir, es un tiempo donde los diferentes artistas y agrupaciones tiene que llenar papelería, cumplir con especificaciones requeridas por la entidad encargada, vídeos

, canciones, nervios, retos, competencias, hasta cuando al final, después de entrar tantas veces a las páginas de los festivales, una lista les informa que han sido seleccionados y empieza la felicidad de muchos que al final termina con unas palabras por redes sociales que dicen: “ gracias a los parceros que nos apoyaron y a toda la gente que asistió a Rock o Rap al parque”.
Muchos de estos artistas vuelven a sus hogares, con la mentalidad positiva respecto a su elección de vida, con metas, sueños y más sueños, pero cuando vuelven  al mundo real y ya se han bajado de las diferentes tarimas y pasado por las diferentes conferencias invitados en las semanas anteriores al festival, salen a la calle a buscar contactos, a encontrar a la industria a sus pies y pensando que les grabarán un disco, que sonarán en payola y comerán con grandes personalidades, pero la verdad es que en la mayoría de los casos, encuentran un rotundo NO, y los sueños, las metas, la mentalidad positiva se derrumba y mandan la música( por un tiempo, los músicos son músicos) a la mierda.
No sé en qué grado de compromiso se encuentran los encargados de montar estos mega festivales  que a decir verdad, no son tan gratis, pues igual ,los recursos salen de los impuestos que pagamos por vivir en Bogotá, no sé sí los que los gestionan, solo quieren levantar nombre a entidades y a administraciones, pero lo que sí sé es que el artista, el que es verdaderamente protagonista muchas veces queda por fuera del pastel, con una mano adelante y otra atrás, ya que, a la “industria musical” colombiana, solo le interesa ciertos ritmos y géneros, los cuales están acaparando todo el mercado, en todas las emisoras y en todos los territorios, y la música que se hace de corazón y con otros tintes, que posiblemente es escuchada por muchos colombianos, están condenadas a apagarse desde antes o peor aún después de haber subido a las tarimas de estos festivales.
Por este motivo, la única opción que han tenido miles de músicos y artistas, es comenzar a camellar de manera independiente, trabajo que es muy agradecido, pero que cuesta mucho, demando  tiempo y muchas veces los resultados no son los mejores, pero ahí si como el dicho: “ es mejor perder peleando, que nunca haberlo hecho”

Un nuevo llamado para esa industria que cree que solo la música en Colombia es reggaetón y vallenato, abran los ojos y dense cuenta que en este país el talento sobra y hay varios por no decir que la mayoría que están esperando su momento, o no les pasó así a Choquibtown o a Bomba estéreo?, y a los promotores del festival,  no se queden en solo tres días de pan y circo, la música es tan importante como cualquier otra cosa, y se necesita la ayuda de manos para sacar a Colombia de este estancado pensamiento conservador y darle la oportunidad a las nuevas generaciones que se expresen y creen un nuevo futuro para el país, donde no solo se quede en festivales, sino que se convierta en una meca, una potencia internacional de talento y cultura.               

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